Altitud: 1. 232,1 m.
Censo Habitantes: 45
Distancia de la capital: 147 Km.

Valhermoso


 El lugar y sus gentes

No sólo el nombre lo pregona, el pueblo de Valhermoso es un pueblo bonito, uno más de esos pequeños lugares con los que la Provincia cuenta y que la gente desconoce tal vez porque le caen a trasmano. Valhermoso hace honor a su nombre ofreciendo al visitante un panorama optimista y juvenil como de pueblo nuevo; escondido vergel donde se puso a tope el sentido del gusto en su pequeña placita de la fuente, quizás un poco falta de atención porque en el pueblo no son muchos para cuidarla. Uno sabe muy bien que en los tranquilos veranos de Valhermoso, el pueblo se torna en un paraíso de los pocos que todavía quedan sin explotar, por lo menos de una manera irracional y abusiva, como en esa época lo son tantos.

Es la segunda vez que llego a Valhermoso, y a fe que en esta ocasión lo hago con demasiadas prisas, sin ver a nadie. Pienso, o por lo menos así lo deseo, que aún estén por allí aunque no los haya visto, mis amigos don Agustín Ladrón de Guevara, don Andrés Clemente, don Rafael y don Angel Vallejo, con los que en mi primer viaje encontré, sorprendido, una seta que había nacido entre las juntas de cemento del juego de pelota, y que tantas cosas de su pueblo me contaron y me enseñaron después.

He detenido el coche frente al arco que da entrada a la Casa Grande, una sólida mansión dieciochesca de la que nadie me supo dar norte y que llama la atención por sus estupendas rejas y por los garitones con cupulinos en las esquinas del patio, al que dan todo el aspecto de un cuartel del Ejército o de una cárcel perdida en cualquier rincón del mundo. Sobre la puerta principal de la casona dice que se acabó de construir en el año 1786. Me explicaron, quiero recordar, que fue adquirida por unos cabreros, pero que antes había vivido en ella un secretario y, al parecer, fue mandada construir por unos canónigos. Cualquiera sabe.

Me gustó entonces, y ahora he vuelto a gozar de la recóndita y solitaria Plaza Mayor, repleta de arbolillos frondosos y de otras plantas ornamentales. A un lado de la plaza queda la fuente, construida con pesados bloques de arenisca rojiza, y al fondo, como volcada entre la hierba, hay una piedra enorme que tiene forma de bota, con su caña y pie como esculpida aposta. La sacó de debajo de la tierra quien entonces era alcalde, enganchada con la reja del arado.

En Valhermoso la vista se extasía más allá de las eras, cuando se miran hacia el poniente los bajos de la vega. El Valle, le dicen en Valhermoso. Tierras negras que tienen como encaje los oscuros ejemplares del pinar y como fondo el manto gris de las sabinas. Tras las casas viejas por las que cruzo, bullen al unísono los hados del silencio y gravita en persona el espíritu de la soledad. El momento me ha hecho recordar aquellas ciudades despobladas, misteriosas, de las que escribió Papini.

Hay una iglesia bonita en Valhermoso. Por su estructura es posible que date del siglo XVI. Tiene una sola nave. El piso es de madera y cubriendo el ábside se ve un triple retablo de concepción barroca, dorado y policromo. Destaca en el retablo mayor un templete con la Asunción de la Virgen.

Más arriba, colocados cada uno en su correspondiente repisa, completan el fervoroso monumento un San Miguel Arcángel, un San Pascual Bailón, un San José y un Niño de la Bola. En diferente ángulo queda otro retablo menor, contemporáneo del que acabamos de ver, oscurecido por el humo de las devociones, con el Santo Cristo de los Milagros en su hornacina.

El Cristo de los Milagros, con fiesta mayor el día 14 de septiembre, es el Patrón del pueblo. Y sobre la nave el precioso artesonado de madera vieja, ahora al descubierto. Al descubierto, sí; pues, hasta no hace tanto, estuvo tapado por un espeso manto de cal, y fue un hallazgo dar con él y sacarlo a la luz. Nuestros abuelos solían cubrir a veces con cal las paredes y los techos de las iglesias. Dicen que para evitar infecciones en épocas de cólera y de otras enfermedades contagiosas, cuando las iglesias servían a veces de tanatorios para evitar en las casas males mayores. Pienso que en Valhermoso, en tiempos que nadie recuerda, debió pasar algo así.

Fuera del pueblo, a la despedida, paisajes inconfundibles del Bajo Señorío, y la mínima ermita de la Soledad, también para el pueblo un foco importante de devociones, un pequeño tesoro.

La historia

Sobre el alto páramo molinés, y entre ya esquilmados sabinares, surge este pueblo que hoy está reducido a breve caserío, pero que aún presenta muestras suficientes de un pasado esplendor, que incluso reconocen las crónicas. Su nombre es claramente originario de la repoblación del territorio o Común de Molina en el siglo XII. En el XIV, cuando el Señorío todo se entregó voluntariamente a Pedro IV de Aragón, éste hizo merced de Valhermoso a su cortesano García de Vera, en 1369.

El patrimonio

En su término existen algunos yacimientos arqueológicos mal conocidos todavía, sin estudiar ni clarificar debidamente, en los lugares de «Fuente de Hoya Romana», y «Fuente de la Torre», quizás enclaves de habitación del primitivo pueblo celtíbero. Destaca en el caserío, aislada del resto de las construcciones, la Casa Grande, que es una típica edificación de las llamadas «casonas molinesas», construida en 1786. Presenta un patio anterior muy amplio circuido de alto muro de sillarejo, con torreones en las esquinas y gran portalón adintelado en la entrada. Preside el conjunto la casa residencial, con fachada muy simétrica en la que destaca la puerta principal de entrada, adintelada y cubierta con dintel y jambas con almohadillado. Por el resto del muro se abren grandes ventanales cubiertos de magníficas rejas de la época. La distribución interior, en dos pisos y cámara, es característica de estas edificaciones. Lleva anejos algunos corrales y almacenes. También destaca en el pueblo otra casona ya modificada. La iglesia parroquial es un ejemplar del siglo XVI, muy sencillo, que muestra espadaña a los pies del templo, y una puerta de arco semicircular moldurado para el acceso. El interior es de una sola nave, con escasos retablos carentes de interés.

 

Foto de Valhermoso enviada por José Ignacio Baños Martínez

 

Tenemos creada una web de Valhermoso: www.valhermoso.cjb.net