Altitud: 1.345,5 m.
Censo Habitantes: 169
Distancia de la capital: 172 Km.

Tordesilos


 El lugar y sus gentes

De torre y silo dicen que procede el nombre del pueblo, debido a los grandes pozos que tuvo bajo tierra para guardar el trigo. Tordesilos, el pueblo, otro más de los notables del Bajo Señorío, se nos muestra elevado sobre un pendiente altozano rocoso, de ahí que sus calles se tiendan en cuesta casi todas ellas. Abajo los campos y la carretera comarcal que sigue hacia Alustante, y en lo más alto la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, con su campanario enhiesto y una imagen blanca del Sagrado Corazón como remate.

Andar por las calles de Tordesilos es poco menos que practicar la escalada o salvar el descenso. Hay a mitad de la cuesta una fuente inmensa, un monumento de sillería rodena con abrevadero largo y barandal de forja. En varios de los dinteles de las casas aparecen emblemas grabados y signos piadosos que hablan, en el silencio de las calles y de los siglos, de la religiosidad popular por parte de aquellas gentes que fueron raíz del Tordesilos de hoy, semiapagado y dormilón.

– Y qué quiere usted que le hagamos. Como verá, somos cuatro personas mayores, casi todos inútiles, las que quedamos en los pueblos.

– No se queje. Tordesilos lo tienen muy arreglado: una fuente preciosa, unas buenas vistas al campo, y como hijo ilustre un señor que fue ministro, don Alfredo Sánchez Bella; eso no lo hay en todas partes.

– Es verdad; el Alfredo nació aquí, y fue ministro. Y su hermano, el Ismael, también nació aquí. Ese creo que fue rector o no sé qué de la Universidad de Navarra. Pues, para que vea, sus padres y sus abuelos eran labradores como los demás. Luego se fueron a vivir a Sagunto.

La buena mujer se tomó un respiro en el descansillo, al pie de la fuente, y al poco emprendió su camino calle arriba. Yo subí al rato, poco después que ella.

La portada de la iglesia es merecedora de una visita. Está formada por un sencillo arco, sostenido por dos columnas estriadas de arenisca rojiza. Desde el atrio se nos queda al descubierto un paisaje agrio, pero evocador y emotivo. Abajo se alcanzan a ver algunos de los pairones que delimitan desde antiguo lo que es el vecindario, la ermita solitaria, la carretera silenciosa y los huertecillos cercados. Por el saliente se asoman a distancia los picachos recomidos de Sierra Menera, en la divisoria por aquella parte de los reinos de Aragón y Castilla.

Y hablando de divisorias, preciso es decir que dentro del término municipal de Tordesilos hay tierras cuyas aguas vierten en el Mediterráneo, las del saliente, y otras que mandan sus regatos con dirección al Tajo para viajar luego hacia el Atlántico, las que hay por detrás del pueblo. La noticia no es importante, pero sí curiosa, aun dentro de una provincia que, de puro sorprendente, la curiosidad ha dejado de ser noticia.

La juventud, efectivamente, no cuenta entre los pobladores habituales de Tordesilos. Se han ido abriendo camino por las cuatro ciudades españolas que con más fuerza tiraron del medio rural en toda la comarca: Zaragoza, Barcelona, Valencia y Madrid, quizá por ese orden.

Hasta hace unos cuantos años se ha venido sosteniendo la población, sujeta a las labores del campo y a la ganadería. De la especie lanar ha sido una de las cabañas más importantes del Bajo Señorío. La agricultura dio en mecanizarse llegado el momento, y con unos cuantos tractores y alguna que otra cosechadora, concluyen los quehaceres en cuestión de semanas. La vega que dicen del Pairón de San Antonio es de lo más próximo y tal vez el terreno de mejor calidad que hay en el pueblo.

De Tordesilos parte un ramal de carretera que inmediatamente se pierde en tierras de Teruel, con destino a Villar del Saz o a Ródenas, al sur de Sierra Menera. La famosa laguna se encuentra a un kilómetro de la carretera por esa dirección; y no muy lejos, pero más hacia el mediodía, está la cota más alta de todo el término, muy próxima a los 1500 metros de altitud.

Cada año a mediados de Agosto viene el golpe de animación a las calles de Tordesilos. La primera de las fiestas locales, la de San Antonio, se conserva como algo testimonial el 13 de junio; pero es la fiesta grande la de la Asunción, entre el 13 y el 17 de agosto, casi una semana de intensa actividad en todos los frentes donde el público desea y puede participar: vaquillas, bailes, cucañas, concurso de jotas... En estos lugares, en cuyas plazas y alrededores sopla limpio del este el viento de Aragón, se vive, se respeta, se baila y se canta la jota como una herencia, como un efluvio incontenible de su espíritu.

La historia

El abultado y denso caserío de Tordesilos destaca a quien llega sobre unos roquedales y altozanos que presiden escueta rambla afluente del alto Gallo. Ya su nombre indica que nació al calor del algún torreón vigía puesto allí por orden del primer señor de Molina don Manrique de Lara, como un puntal más de su vasto y rico territorio molinés. Fue aldea comunal durante el desarrollo secular del Señorío. En su término, cerca del pueblo, se conserva el recuerdo de dos enclaves históricos: uno de ellos, la Matanza, rememora el hecho acaecido en 1285, cuando una partida de aragoneses se adentró desde Albarracín por Alustante al interior del Señorío, y de inmediato su señora, doña Blanca, acudió en hueste con su corte de caballeros a combatir a los invasores, que fueron prácticamente aniquilados en ese lugar. Cercano al mismo, sólo ruinas quedan del caserío de Torrecabrera. Ambos enclaves pertenecieron durante los siglos medios al mayorazgo de los Malo de Marcilla.

Patrimonio

Son destacables en Tordesilos el edificio de la iglesia parroquial, a un extremo y en lo alto del pueblo. Es obra del siglo XVI, y es de aspecto muy fuerte, con torre a poniente y portada al mediodía, muy sencilla dentro de su clasicismo. El interior es de tres naves, con coro alto a los pies, sacristía, presbiterio elevado, y algunos altares distribuidos por los muros, entre los que destaca el de un Cristo con predela pintada sobre tabla con una imagen de la Sagrada Cena, obra del siglo XVI. También se conserva un gran cuadro pintado con las armas de la familia Malo. Además se conservan en la sacristía algunas estimables obras de orfebrería. Pero sin duda lo más notable de este templo es su gran retablo mayor, uno de los más singulares y extrañamente hermosos de toda la provincia. Este altar es de una extraña exuberancia, con movimientos mixtilíneos en su planta, en la cornisa y los coronamientos, con estructuras de arco en vacío, falsas columnas con esculturas, caja lobulada en el ático con falsas columnas... es, de cualquier modo, una creación absolutamente original, de las llamadas de «arquitectura rota», y cuyo autor, Miguel Herber, en 1767, puso en él lo más selecto de su saber hacer y su imaginación retablista.

En el centro del pueblo aparece la casa de los Malo, obra del siglo XVII construida su fachada con grandes sillares labrados del típico tono rojizo de la zona, con amplio portón arquitrabado, rematándose con bello escudo de armas de la familia propiciatoria y constructora del edificio.

Por el término se distribuyen algunos destacados pairones, como el de la Virgen del Tremedal, en la llamada «Vega de Atrás», el de la Virgen del Pilar, en la carretera de Alustante; el de San Antonio, en el llamado lugar de «La Loma», y el de San José en «el Pozo del Loro», todos ellos constituidos por la más tradicional de las estructuras de estos elementos votivos y señalizadores. Ya en el caserío sobresalen diversos ejemplares de rejas y elementos de hierro forjado muy bien trabajado en las herrerías de la comarca durante los pasados siglos.