Altitud: 1.372m.
Censo Habitantes: 54
Distancia de la capital: 182 Km.

Piqueras


 El lugar y sus gentes

Más de dos horas de viaje hasta que aparecieron los pinares al fin. Son pinos madereros de buena clase, anuncio de aquellos que vimos por las sierras del Tremedal no hace tanto y que, por estas latitudes del Bajo Señorío separan la carretera del bosquecillo de marañas y de robles, dejado atrás el páramo y las vegas que tiene a la caída el pueblo de Adobes.
Un aguilucho de tremenda envergadura merodea por encima del cerro más alto de los tres que hay alrededor del pueblo. Piqueras nos sorprende al cabo, como anclado en el fondo de una hoya por la que corre un arroyo, el Piqueras, subsidiario me imagino del Gallo molinés.
Piqueras es un pueblo de bellísima concepción, casi todo nuevo; como un balneario en la perdida paz de la distancia. En él perviven aún casonas que se me antojan semicolgadas, calles en cuesta, casi todas ellas de cuidado pavimento, un lujoso edificio consistorial presidiendo la plaza, una iglesia monumental con portada renacentista, y un puente sombreado por chopera ribereña bajo cuyo único arco se cuelan las aguas del arroyo.
Media docena de perros andan a la gresca en la Plaza del Puente. Lucio y Santos, los dos hombres que por casualidad encontré en la plaza, me dijeron que andarían a la par en el pueblo el número de perros y el de personas.
Plaza del Puente, plaza de las Piedras, calle de la Iglesia, calle de la Fuente. En Piqueras, el nombre de las calles y de las plazas tiene su porqué. Hay un pequeño parque infantil a la sombra de los árboles, junto al puente del arroyo. Antes del éxodo de nuestros pueblos, allá por la década de los años sesenta, es muy probable que el número de habitantes en Piqueras rondase los trescientos; a mediados del siglo XIX mantenía doscientas cincuenta almas, y ahora, a punto de estrenar siglo y milenio, quizá no pasen de treinta en un día cualquiera cuando están todos.
Como pueblo situado en pleno valle, Piqueras se rodea de cerros imponentes, limpios de vegetación y pedregosos: el Picario, sobre cuyo cielo merodean las águilas muy por encima del repetidor de televisión; las Solanillas y el cerro del Santo más al poniente, de donde llegan, empujados por el viento del medio día, los sones metálicos de los cencerrillos y el balar de un rebaño.
En honor a la Asunción de la Virgen, en Piqueras celebran su fiesta mayor el dia 15 de agosto. Antes -recuerdan los más viejos del lugar- la fiesta patronal se celebraba en el mes de octubre, coincidiendo con la celebración litúrgica de la Virgen del Rosario.
Les separan muchos kilómetros -cerca de doscientos- de la capital de provincia. Al alma guadalajareña le deben doler las distancias a estos pueblos molineses, tan bellos y tan nuestros. Pueblos de profunda raíz campesina y costumbrista, donde tantas maravillas se nos antojan todavía sin descubrir.

La historia

En su término hubo asentamiento celtibero, pues en el paraje denominado "el Castillejo", se encontraron en el siglo pasado diversos materiales cerámicos, hierros y monedas anteriores a nuestra Era. El lugar de Piqueras file levantado en la repoblación del siglo XII, y sufrió bastante en las guerras entre castellanos y aragoneses en el siglo XW, quedando entonces casi despoblado, lo mismo que el cercano enclave de Piqueruelas, donde hoy asienta la ermita de San Fabián y San Sebastián. Esta localidad perteneció al Conde de Cifuentes.

El patrimonio

Podrá el viajero admirar la iglesia parroquial, construcción del siglo XVI que muestra sobre el muro sur una hermosa portada de decoración renacentista, con batientes de madera en los que luce buena colección de hierro forjado. Sobre el muro de poniente se alza una espadaña sencilla. En el interior aparecen, medianamente conservados, varios retablos de estilo barroco, de inspiración netamente popular. También es curioso de ver el pavimento de su calle mayor, que, por estar situado la mayor parte del caserío en un fuerte cuestarrón, ésta asciende dando vueltas, y en ella destaca el empedrado hecho de cantos rodados magníficamente alineados, que demuestra ser obra artesanal espléndida de los maestros "empedradores" molineses del siglo XVIII.


Fotos enviadas por Eduardo González desde Argentina. Quiere contacta con gente de Adobes ó Piqueras porque desciende de éstos pueblos. Escribid a:

 egonzalez1@ciudad.com.ar