| Altitud: 1.150 m. Censo Habitantes: 23 Distancia de la capital: 148 Km. |
Cubillejo del Sitio |
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El lugar y sus gentes
El arroyo de la Vega vitaliza cada mes de abril y cada verano las huertas de Cubillejo del Sitio. Son como una explosión de verdor las tierras de la vega en Cubillejo cuando llegan los primeros calores de junto, después de una invierno y de una primavera especialmente lluviosos.
Cubillejo del Sitio, para evitar que se confundan quienes lo suelen hacer con frecuencia ante dos pueblos del mismo nombre, y más como en este caso cuando están próximos el uno y el otro, es el primero con que nos encontramos al viajar desde Molina hacia La Yunta; el pueblo del reconocido pairón barroco que tan aficionados somos a que ilustre nuestros trabajos y reportajes del Alto Señorío Molinés; el que aparece tras el manto de robledillo y sotobosque a derecha e izquierda del camino, después de una carretera de curvas que a veces adornan los jarales en flor y el tono verdipintado de los trigales abriendo campo; el campo de Tortuera, de Cillas, de Embid y de La Yunta, auténticos graneros del tardío.
Eso sí; pues allá por tierras de la Alcarria y de la Campiña, seguro que a estas alturas andan ya afilando las cuchillas de la cosechadora.
Desde luego. Por allí ya van en buenas con la siega. El año dicen que ha pintado bien.
En Cubillejo del Sitio han desviado la carretera por las afueras del pueblo. Ahora entramos por un leve ramalillo, junto al pairón y junto al cementerio, que en seguida nos coloca en la explanada del antiguo abrevadero, en la plazuela donde duerme su eterna inacción la báscula municipal. A la sombra amable de una, noguera dejo el coche en un lateral de la plaza. Atrás, la primera muestra a considerar de las típicas casonas molinesas, las que en tiempo pasado dieron relieve a casi todos los pueblos del Señorío.
No he visto a nadie en el pueblo ni el campo. Las casas, con la espadaña de la torre en lo más alto, yacen en un mutismo total orientadas al sol del medio día. Muchas de ellas están deshabitadas. Las abejas faenan en el espeso matorral de la vega; chillan los vencejos alrededor de la torre; ladra un perro al otro lado de los sauces llorones, de los árboles del paraíso, de los chalés de la huerta. Las viviendas más antiguas de Cubillejo, que lo son casi todas, muestran a los ojos del visitante un color terroso oscuro, el de la piedra arenisca que emplearon al levantarlas, tan abundantes en éste y en otros rincones, aun lejanos, del campo de Molina.
La fuente baja, de largo abrevadero, instalada junto al muro en 1958, está seca. En otra ocasión la encontré manando agua abundante en donde bebía el ganado. Es difícil disimular la tristeza que produce en el ánimo esta soledad de los pueblos, exposición permanente en tantas ocasiones de viviendas clausuradas, cargadas de siglos y de recuerdos, de vivencias que a uno gustaría conocer, pero que sospecha hayan muerto para siempre.
Callejuelas en cuesta que reclaman el pasar de la gente, me van subiendo hasta el barrio de arriba. Una mujer arranca con la legona las matas de hierba que nacieron junto a la puerta durante su ausencia.
- Qué solo encuentro al pueblo, señora -le pregunto.
- Con estos calores la gente se ha metido dentro de las casas -me responde.
Acabo de entrar en la plaza donde están la fuente pública y el juego de pelota. El aspecto del pueblo desde allí, visto con otra perspectiva, resulta diferente. La fuente mana sobre el pilón. Es una fuente de elegante factura, con pilón extendido al respaldo, y una pequeña espadaña de piedra donde se hace constar que fue construida en 1932. Desde la barbacana del juego de pelota se deja ver la vega en toda su extensión, y los campos amarillos hasta perderse de vista ya en tierras de Aragón.
Me he detenido a contemplar la portada renacentista de la iglesia a cuatro pasos de la plaza en donde está la fuente. En el salón de lo que antes fue escuela pública han instalado un bar que encuentro cerrado. La gente no se da a ver a eso de la media mañana, debe de estar escondida en sus casas huyendo del calor, como bien me explicó la única persona que conseguí ver recorriendo el pueblo. Por las calles apenas se siente el soplo de la brisa sobre las piedras del campanario y el rumor de la fuente.
Cubillejo del Sitio; el menor, según parece de los dos Cubillejos molineses; adormilado o moribundo no lo sé, pero evocador de un pasado vivo, se adormece bajo el sol de las doce mirando a los huertos de la vega. Alguien me contó en anteriores viajes que fue escenario de alguno de los acontecimientos más sonoros de la historia del Señorío.
La historia
Su nombre deriva de la época de la repoblación, y alude sin duda a cierto torreón que en término cercano (Villarquemado) destacaba por su fuerza, y fue destruido, naciendo juntos los dos lugares (Cubillejo del Sitio y Cubillejo de la Sierra) que hoy se hallan muy próximos y con idéntico origen.
El sobrenombre «del Sitio» ha sido discutido, y mientras la tradición historiográfica defiende el hecho de que aquí puso su campamento y real de batalla el rey Fernando III cuando en 1221 atacó y sitió el castillo de Zafra, otros se inclinan (y es ésta la salida más razonable) por pensar que este sobrenombre alude al Cid Campeador, de quien la tradición popular afirma que pasó por este lugar y término en su viaje de Burgos a Valencia, allá por el siglo XI.
Hasta Cubillejo alcanzaban, por el sur, los límites del Común de Daroca, pues a comienzos del siglo XIII en que este territorio obtiene Fuero de Alfonso I de Aragón, se mencionan como límites con Molina a Zafra y a Cubillejo. Poco después, ya en 1154, cuando D. Manrique de Lara entrega el Fuero al recién creado Señorío y Comunidad de Villa y Tierra de Molina, Cubillejo quedará netamente dentro del Alfoz molinos. En él continuó durante siglos sin más
El patrimonio
Para el viajero que llega a Cubillejo, es de destacar un interesante pairón barroco, construido a finales del siglo XVII, a la entrada del pueblo viniendo de Molina, junto a la ermita de la Soledad. Ha sido reproducido fielmente este pairón en Madrid, en la confluencia de las calles María de Molina y Serrano. También se encuentran en Cubillejo algunas interesantes casonas, especialmente en la parte baja del caserío, de típica composición molinesa.
La iglesia parroquial es un macizo ejemplar del siglo XVI. Su portada, abierta en el muro sur, parece algo posterior, del siglo XVII, con escueta decoración renacentista y severa. Tanto en la puerta como en los batientes hay buenos hierros populares.
El interior es de una sola nave, con coro alto, y capillas en el costado del Evangelio. En este destaca el altar de la Virgen del Rosario, con buenas tallas del siglo XVII, y el de Jesús Nazareno, del XVIII. Del mismo siglo es el retablo mayor, en el cual destacan algunas tallas de Virtudes. Sobre la cúpula hemisférica que cubre el crucero, se ven pintados con líneas populares los cuatro evangelistas.
A mediados de agosto se celebra la fiesta mayor en honor del Santo Cristo de las Victorias.