Altitud: 987 m.
Censo Habitantes: 150
Distancia de la capital: 160 Km.

Mochales

 


 El lugar y sus gentes

Para los que no conocen aquellas tierras es un portento increíble el Valle del Mesa. Un milagro de la Naturaleza en el que ni siquiera se han parado a creer los que viven allí, porque están acostumbrados a verlo y a disfrutarlo cada día.

Hay que descender todavía unas cuantas curvas por terreno adusto antes de llegar hasta él por la carretera de Amayas. Desde la mitad de la cuesta, en la bajada, las huertas se ponen ante los oios de un modo sorprendente. Son pequeñas parcelas de regadío cultivadas con meticulosidad, árboles frutales que los agricultores cuidan con sabiduría y con talento. Luego el río, el puente, el atravesar la vega, el pueblo; un vergel auténtico en donde se sienten regalados por igual todos los sentidos: olor a huerta, sonido incesante de la torrontera, encuadre paradisiaco para los ojos, una brisa amable que refresca la piel, y el sabor agridulce de un puñado de cerezas recién cogidas que, al ser verano, ofrece gentilmente un campesino.

—Aquí todo muy bien, sí señor; pero en verano. El invierno es muy triste. Nos quedamos en el pueblo cuatro de ellos. Mire que chalés han levantado por ahí arriba.

El pueblo de Mochales, en plena vega, se ve como encajado junto a la corriente del río entre dos cerros voluminosos. Como fondo el de San Gabriel, el que sostiene a media altura la extraña vivienda del médico "Tararí", al que la gente mayor todavía recuerda con respeto y habla de él en tono de misterio.

—Era un señor muy listo, pero muy raro. Se comunicaba con el alguacil del pueblo con señas, tocando una trompeta. Se dijo que le guardaba la casa una serpiente muy grande, y que había hecho como una especie de túnel para salir huyendo. Yo creo que todo eso no sería cierto. Murió en Argecilla, un pueblo de la Alcarria.

Los veraneantes andan por la plaza en camiseta, alrededor de un puesto ambulante de mercancías variadas. La Plaza Mayor de Mochales se anuncia en placas de mármol como Plaza del alcalde Antonio Alba, uno más de los héroes anónimos por la independencia española cuando la guerra contra los franceses de Napoleón. Lo ahorcaron detrás de la iglesia de su pueblo acusado de suministrar alimentos a las tropas españolas de la Junta de Defensa de Molina. Al dar su nombre a la plaza, sus paisanos han cumplido con un deber histórico de justicia, como lo es de veneración y de reconocimiento la placa que, sobre la pared dentro del pórtico de la iglesia, deja escrito: 

«Recuerdo y homenaje fervoroso a la beata Teresa del NiñoJesús, hija predilecta de Mochales. Nació el 5 de marzo de 1909, y murió mártir por ser religiosa en Guadalajara el 24 de julio de 1936, junto a dos compañeras de comunidad, Carmelitas Descalzas. Fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 29 de marzo de 1987.» El paso a la iglesia está cerrado por una verja de hierro que separa al pórtico de la plaza.

En las afueras del pueblo es noticia permanente y destacada una obra grandiosa que allí conocen por la Mina. Se trata de una obra de increíble magnitud, y más si se tiene en cuenta el tiempo en que se hizo, que consiste en un túnel subterráneo de casi cuatrocientos metros de largo, y que perfora por su base toda la masa rocosa del cerro. Se hizo a principios de siglo con el fin de evitar las tremendas avenidas de agua que bajaban al pueblo, y tiene un muro de contención enorme en la boca alta del barranco de Carriruecha.

Consultados algunos documentos de mediados del siglo XIX, en los que se hace referencia concreta a este lugar del Valle del Mesa, uno ha podido saber que allí tuvo su casa palcio el marqués de Casa-Pabón, que en el pueblo trabajaron hasta veinte telares de lienzo, y que en sus inmediaciones hubo canteras de yeso blanco y negro, y de jaspe de todos los colores Datos éstos que gozan de absoluta fiabilidad, pero de los que apenas se tiene noticia, incluso entre las propias gentes de la villa.

 El pueblo de Mochales, magnífico como lugar de asueto y de reposo en todo tiempo, pero de manera muy especial durante los meses de verano, tuvo fama como lugar productor de hortalizas, de patatas y remolacha sobre todo; actividad que sospecho debe de ir a menos, no porque hayan empeorado las condiciones de la vega, que siguen siendo las mismas, sino por la falta de brazos jóvenes que la trabajen. La emigración de los años sesenta hizo mella en la población estable de manera muy alarmante.

Celebran sus fiestas mayores en honor de la Virgen de la Merced el segundo fin de semana del mes de agosto.

La historia

El puesto clave que Mochales ocupa en el valle del Mesa, siempre considerado como vía de las más principales en el tránsito de Aragón a Castilla, ha marcado su historia en los siglos pasados. Perteneció desde comienzos del siglo XII al Señorio de Molina, pues ya en el Fuero que para dicho amplio territorio elaboró en 1154 D. Manrique de Lara, se incluye a Mochales en él. En 1258, el infante D. Alfonso, cuarto señor de Molina, entregó Mochales en usufructo a su suegra Da Sancha Gómez quedando de todos modos controlado por la familia de los Lara y la corona castellana. A la muerte de Sancho IV, los pueblos del valle del Mesa, y entre ellos Mochales, pasaron a poder de la familia Funes (originaria de Navarra) quienes se apoderaron de ellos por la fuerza y amparados en la turbulencia de los tiempos.

Bajo el señorío de esta familia, Mochales estuvo por Aragón a fines del siglo XIII, pasando a ser de Castilla en la centuria siguiente. En el siglo XV, a raiz de ser designados los Mendoza

tellanos algún señorío en este territorio. Mochales pasó a esta familia en dicha época, y quedó en ella durante largos siglos, los Mendoza de Molina, también condes de Priego y luego marqueses de Mochales, ostentaron el señorío de esta villa hasta el siglo XIX.

Entre los hijos ilustres de Mochales figura la mártir carmelita, hoy beatificada, María Teresa del Niño Jesús y de San José, asesinada en la capital de la provincia el 24 de julio de 1936. En la parroquia existe un moderno retablo dedicado a María Teresa y a las dos compañeras de orden que perecieron en el mismo suceso.

El patrimonio

Pueden admirarse los restos, ya mínimos, de lo que fue poderoso castillo sobre una roca que vigilaba al mismo tiempo el valle y el pueblo. En esa fortaleza residieron largas temporadas sus señores y alcaides: D. Pedro Carrillo de Mendoza murió en ella en 1556. Su traza, simple cubo de gruesos muros y difícil acceso, es paradigma de los castillos fronterizos molineses. La iglesia parroquial es edificio que preside, con su grandiosa arquitectura, la plaza principal del pueblo, en el que una gran olma centra su ámbito, y algunos caserones típicamente molineses la dan escolta.